Red Social para Fumadores

Que fumar es una de las cosas más tontas que uno puede hacer, es algo que puedo certificar de primera mano como el fumador empedernido que soy desde hace casi 15 años.

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Sin embargo, para salir un poco en defensa de este hábito tan impopular, me veo obligado a decir unas palabras al respecto: creo que contrario a lo que muchos piensan, el acto de fumar no es tonto en sí mismo. Que fumemos sabiendo de antemano lo terriblemente dañino que es para nuestra salud y la de quienes nos rodean, o los efectos negativos más inmediatos tales como el fuerte olor que todo lo impregna, la incomodidad social de fumar en espacios públicos, incluso el efecto estético que producen las manchas de nicotina en los dedos y los dientes… todo eso apunta a que es un mal hábito y que sería más sensato dejarlo. La idiotez última es que para fumar, tengamos que pagar el montón de dinero que cuesta.

Desde hace varios años, en muchas ciudades del mundo se ha venido implantando la regla de “cero tolerancia” de fumadores en espacios públicos y puestos de trabajo. En Venezuela, dentro de pocos días entrará en rigor la Ley Antitabaco (me di la libertad de ponerle ese nombre) y comenzará una especie de era oscura para nosotros los fumadores. Será pues, el principio del fin.

Como toda crisis significa una oportunidad, y una idiotez es siempre reemplazada (o acompañada) por otra, apenas comenzaron a surgir las campañas antitabaco hace un par de décadas, de manera paralela fueron apareciendo montones de opciones, métodos, lecturas, conferencias, pastillas, chiclets, parches y otros productos para dejar el cigarrillo, por supuesto, cada uno menos efectivo que el otro y más costosos que el hábito en sí mismo. Ahora la cosa toma un cariz más emocionante, puesto que vamos a hablar de un producto para seguir fumando… sin fumar: los “cigarrillos electrónicos” Blu.

En realidad, la tecnología de los inhaladores de nicotina –que es lo que son los Blu– no es nada nueva. Dado que no contienen los miles de químicos tóxicos, alquitrán y otros cuentos para asustar a los niños, que generan el humo del cigarrillo y el tabaco, sino únicamente nicotina, parecen una no tan mala opción para dejar de fumar mientras se mantiene el hábito de llevarse el cigarrillo a la boca, que en mi experiencia es la asociación física más fuerte de romper. Sin embargo, la premisa de Blu parece centrarse en ofrecer un producto para fumar, sin las molestias y riesgos de salud inherentes al cigarrillo. Es ofrecer una experiencia cool del hábito más tonto que puede existir, utilizando tecnología de punta. Basta con entrar a su sitio web y ver las fotografías de promoción del producto: una mezcla de imagen limpia, impecable, estilizada, y por supuesto, fotografías de personas que representan la idea misma del éxito, cada uno con e-cigarrillos entre sus dedos ¡igual que las estrellas de cine de los 50!

Ahora bien, Blu acaba de añadir una nueva dimensión a la promoción de sus productos: los Smart Packs que incluyen un dispositivo inalámbrico en el empaque que puede detectar y avisar con un parpadeo de luz cuando otro empaque de e-cigarrillos Blu se encuentra en un radio de 15 metros. La consigna es que, ya que los cigarrillos son una especie de lubricante social, pueden permitir que los extraños que se encuentran tomando cerveza en un bar inicien una conversación basada en el mero hecho de que los dos fuman lo mismo. Qué triste tiene que ser una cultura donde necesitemos de gadgets para poder conectarnos con las personas en un espacio físico y público, diseñado específicamente para que nos encontremos con otros de manera espontánea.

Por fortuna, en Venezuela tenemos una opción mucho más sencilla y económica: seguir fumando, salir del local a prender el cigarro y decirle al que está al lado en el mismo plan:

–En estos días leí un artículo de una marca de cigarros que vienen con un detector inalámbrico que te indica cuando alguien está fumando la misma marca cerca de ti.
–Qué loquera. Coye pana, qué buena está esa jeva.
–De pana. Y está con ese pendejo.

Vía The New York Times

Acerca de Dan

Daniel Yanes Arroyo: aunque estudió filosofía, saltó la talanquera al diseño, al que se dedica desde hace más de 10 años. Lector empedernido y amante de los gatos, el cine y el café. Trabaja como gerente de diseño en una empresa de desarrollo web y de vez en cuando trata de cazar tigritos interesantes a través de su pequeño estudio. Neurosis diaria en @ChowKaiDeng

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